Kenise Rivera https://keniserivera.com Coach de Vida y Transformación Mon, 27 Jan 2025 02:43:29 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.7.2 https://keniserivera.com/wp-content/uploads/2025/01/cropped-Diseno-sin-titulo-4-32x32.png Kenise Rivera https://keniserivera.com 32 32 Maldito Calendario: Cómo el Tiempo y las Costumbres Traen a la Memoria lo que Ya No Está https://keniserivera.com/maldito-calendario-como-el-tiempo-y-las-costumbres-traen-a-la-memoria-lo-que-ya-no-esta/ https://keniserivera.com/maldito-calendario-como-el-tiempo-y-las-costumbres-traen-a-la-memoria-lo-que-ya-no-esta/#respond Mon, 27 Jan 2025 00:49:08 +0000 https://keniserivera.com/?p=1427 En mi camino como coach de vida, uno de mis aprendizajes más valiosos ha sido la aceptación del momento presente. Entiendo que lo único que realmente tenemos es este momento. Es cierto que tenemos recuerdos, experiencias y aprendizajes que creemos están en el pasado, y que los planes futuros nos permiten visualizar lo que deseamos lograr. Pero la realidad es que todo eso lo experimentamos en el presente. Si sufrimos por lo que ocurrió antes, es porque lo estamos recordando ahora. Y sé que, muchas veces, esa intensidad con la que sentimos el dolor es tan fuerte como la que sentimos en el mismo instante en que ocurrió.

Este aprendizaje me ha llevado a la aceptación, pero desde el amor, no desde la resignación. Hablo de entender que las cosas suceden, no nos suceden a nosotras. Esta reflexión cambia profundamente nuestra percepción de la vida. La vida simplemente es. Nosotras somos las que le damos significado, la etiqueta de “bueno” o “malo”, pero la vida no se ajusta a esa categorización. La vida pasa, y nosotras nos encargamos de darle forma, de darle sentido a través de nuestros pensamientos y emociones.

Esta comprensión me ha permitido lidiar con momentos de estrés extremo, de preocupación, dolor o incluso depresión, esos sentimientos que a veces nos cuesta aceptar. Y, lo que he aprendido a lo largo de este proceso es que puedo transitar esas emociones con mayor autocompasión, con más amor hacia mí misma.

Pero, claro, nunca falta el calendario, ese que me recuerda los cumpleaños, la Navidad, el Año Nuevo… esos momentos que la sociedad espera que celebremos. Para mí, muchas veces, esos días se convierten en un recordatorio martirizante de lo que ya no está. ¿Cómo celebramos cuando personas que amamos profundamente ya no están para compartir esos momentos? ¿Por qué esos días parecen pesar tanto? ¿Por qué el calendario se convierte en un recordatorio de dolor?

El calendario me recuerda cuando todo parecía estar bien: celebrábamos juntos, con risas, chistes y abrazos. Ahora, un «Feliz cumpleaños», un «Feliz Año Nuevo» se sienten vacíos. Me doy cuenta de que la vida sigue, que nuevas personas se suman a las celebraciones, que las fotos se llenan de nuevos recuerdos. Pero el espacio que dejaron los que ya no están es irremplazable.

Hoy se cumplen tres años desde que mi hijo trascendió a un plano diferente, y aún me cuesta creer que haya pasado tanto tiempo. Cada día lo extraño, cada día siento su ausencia de una manera profunda que, a veces, me resulta difícil de comprender. Cuando veo sus fotos, me cuesta mirar su hermosa mirada, y recordarlo me sigue doliendo. Lo que me causa molestia es que el calendario me haga sufrir, simplemente porque nos hemos acostumbrado a recordar fechas. Por costumbre, sufro ese día, reviviendo hora por hora mi experiencia más aterradora, aquella que jamás imaginé vivir.

El sufrimiento muchas veces se activa cuando nos aferramos a lo que ya no está. Y aunque el calendario nos dice cómo debemos sentirnos en esos días «especiales», es importante recordar que nosotras decidimos cómo vivir nuestro presente. Recordamos el pasado, imaginamos el futuro, y le damos significado a lo que sentimos según nuestro estado emocional. Pero el presente es lo único que realmente tenemos.
Es difícil aceptar la idea de que ciertas personas o momentos ya no volverán, pero lo que he aprendido a lo largo de estos años es que la vida continúa, incluso en la pérdida. Lo que perdemos no es la esencia de lo que amábamos, sino la oportunidad de abrazarlo nuevamente. Lo que realmente duele no es solo el hecho de que las personas se vayan, sino la imposibilidad de compartir esos abrazos, de escuchar esas voces, de hacer esas cosas que solíamos hacer para demostrarles nuestro amor, sabiendo que nunca volverán.

Hoy quiero reconocer a todas las mujeres que, como yo, han tenido que aprender a sobrellevar la pérdida de alguien importante en su vida. A todas ustedes que, por momentos, quisieran simplemente saltarse esos días del calendario que parecen traer más dolor que consuelo. Porque, aunque el calendario nos impone fechas, lo que realmente importa es cómo elegimos vivir nuestra experiencia en cada uno de esos momentos.
No importa cuánto tiempo pase, el amor que sentimos por nuestros seres queridos nunca se desvanece. Es un amor que trasciende, que sigue presente en cada pensamiento, en cada lágrima y en cada sonrisa. Y aunque las fechas sigan ahí, las celebraciones cambien y las circunstancias evolucionen, el recuerdo de quienes amamos sigue vivo en nuestro corazón.

Si tú también te encuentras viviendo este tipo de dolor, te abrazo desde aquí. Sé lo que se siente, y te invito a recordar que no estás sola. En esos días en los que el calendario parece querer pesarnos más, permite que el amor por los que hemos perdido nos siga guiando. Porque, al final, ese amor es lo que permanece, más allá del tiempo, más allá de las costumbres de celebración, más allá de cualquier «maldito calendario».

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¡Hace un año que ya no te puedo abrazar! https://keniserivera.com/no-te-puedo-abrazar/ https://keniserivera.com/no-te-puedo-abrazar/#comments Tue, 24 Jan 2023 02:19:08 +0000 https://keniserivera.com/?p=1419 Hace un año, viví lo peor que me podía pasar, “mi hijo se murió”, repetía a cada persona que se me acercaba, creo que quería convencerme a mí misma de lo que estaba ocurriendo.

Recuerdo a veces decir: “si mis hijos murieran yo no resistiría, me moriría”, y he escuchado a muchas madres decir lo mismo. 

El “problema” por llamarlo de alguna manera, es que no te mueres, la vida continúa, queramos o no.  Me resistía a vivir sin la presencia física de mi hijo. Mi chiquito, mi niño, la luz de mis ojos, sonreía cada vez que entraba por mi puerta. 

Cómo le pudo pasar esto a él, me pregunté por mucho tiempo; un ser humano hermoso, leal, alegre, compasivo, generoso, humilde. Un hermano amoroso y cómplice, amigo incondicional … Pasaron muchos meses hasta que me acostumbré, a que cuando sonaba la puerta no era él, que mi hijo ya no estaba.

No había podido escribir al respecto, decidí compartir con ustedes el aprendizaje que he tenido sobre este evento, por si a alguien le sirva saber de mi historia:

El año anterior en el que viví la enfermedad y el fallecimiento repentino de mi hijo menor, entendí que cuando en la vida tienen que ocurrir las cosas, simplemente ocurren, que nada está bajo nuestro control. Entendí que hacemos nuestra parte, damos todo de nosotras; amor, tiempo, recursos, paciencia, cuidados, presencia… y al final es la Vida quien “decide”.

Entendí que “las cosas pasan, no me pasan”, que la “Vida es lo que es”, y que el significado y la interpretación que le damos a cada evento que nos sucede, se lo agregamos nosotras desde nuestros pensamientos, sentimientos y juicios personales.

He escuchado mucho esa frase que dice “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”, he sufrido mucho, he llorado tanto, me he cuestionado muchas veces si estoy reprimiendo mi dolor por no llorar más y a veces hasta sentirme culpable por sonreír y disfrutar momentos lindos.

Entendí lo que quiere decir esa frase, la vivo.  No trato de que mi dolor se extinga, es parte de mi experiencia humana, todas nos sentimos tristes, felices, estresadas, frustradas, alegres, etc.  siento todo eso, solo que ahora se sumó a todas esas emociones una llamada “extraño a mi hijo”. 

Entiendo que el sufrimiento es opcional, porque como todas las emociones son creadas desde nuestro pensamiento y puedo reconocer mis momentos de bajo estado de ánimo que me llevan a llenarme de recuerdos tristes, de culpa, de lamentación, de frustración y claro, está en mí decidir quedarme en ese ruido mental, tratar de cambiarlo o aceptarlo como lo que es: una situación que como muchas otras me han tocado vivir, solo que esta me “rompe el corazón”.

Tengo la certeza de que el alma de mi pequeño, que hoy tuviera 25 años, donde quiera que esté, está gozando de una paz y felicidad infinita que mi cerebro humano ni siquiera puede imaginar. Por eso, también entendí que si sufro, no es por él, es por mí, sufro por esa madre que se quedó sin su hijo y lo extraña mucho.

Reconozco que mi esencia es de bienestar, la siento, sé que es mi base emocional y que todas las otras emociones solo se superponen a esa plenitud que soy (por explicarlo de alguna forma). Sé que siempre puedo regresar a ese estado de bienestar, vivo la tristeza desde ahí, desde un lugar más amable que he aprendido a reconocer en mí desde que inicié mi camino espiritual con el coaching de transformación.

Entendí que estaba creando carencia en mi corazón dándole atención a lo que sentía me faltaba y no estaba siendo consciente de todo lo que tengo ahora; mi hermosa hija, que ha sido un apoyo de amor incondicional, acompañándome, abrazándome desde su tristeza, diciéndome que todo está bien, mi familia, los seres que me quieren, mis maestras y mis colegas.

Entendí que la vida continúa y que por muy doloroso que sea un evento podemos vivirlo tristes, alegres, llorando, riendo, bailando, sin culpa, con la certeza de que damos siempre lo mejor de nosotras y que los seres que amamos y ya no podemos abrazar seguirán siempre en nuestros corazones, que esa conexión nunca se pierde, porque el amor verdadero nunca se extingue, los extrañaremos siempre recordando lo mejor de ellos, todo lo que nos dieron y nos siguen dando.

Es difícil medir nuestras emociones, no te puedo decir que me siento menos triste con el entendimiento que he tenido hasta ahora respecto a que mi hijo físicamente ya no esté conmigo, lo que sí te puede afirmar es que valoro cada segundo de esos 25 años, que Dios me bendijo con la presencia de mi hijo.

Esta es la historia de una madre que perdió a un hijo, soy un testimonio de que, a pesar de vivir experiencias difíciles, las que muchas veces pensamos no vamos a poder sostener, tenemos la capacidad de hacerlo, somos seres resilientes, todas contamos con ese recurso interno, nada nos puede “romper”.  Me siento más fuerte pensando que si he podido vivir la ausencia de mi hijo, no hay nada que no pueda sobrellevar.  

Si estás viviendo la pérdida de un ser querido y deseas entender tu momento, estaré gustosa de compartir contigo mi resiliencia, mi fortaleza, mi intuición, mi entendimiento de vida, todo lo que me ha servido para seguir adelante, valorar lo que sí tengo, lo bendecida que soy de poder ayudar a otras mujeres a vivir el dolor sin culpa ni amargura.

PD: Cada noche le pido a Dios que me haga soñar con mi hijo, Germy Javier, para sentir por lo menos abrazarlo en mis sueños.

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El miedo al “machismo” que hay en mi. https://keniserivera.com/el-miedo-al-machismo-que-hay-en-mi/ Mon, 12 Apr 2021 23:37:26 +0000 https://keniserivera.com/?p=1375 Como la mayoría, he experimentado el machismo muy de cerca. Desde mensajes que mi abuela decía muy sutilmente: “las mujeres deben atender primero a sus maridos”, “hay que estar arreglada, tener la casa lista y sonreír cuando el marido llegue”. Recuerdo las palabras de mi padre: “Tienen que estudiar y ser profesionales para que no dependan nunca de ningún hombre” y más adulta escucharlo decir contradictoriamente: “yo quisiera que tu hermano se haga cargo de la dirección de la empresa, esta industria es de hombres”.

Y así podría llenar muchas páginas de estos mensajes que me crearon creencias sobre cómo supuestamente debería manejar mis relaciones de pareja, lo que debía decirles a mi hijo y a mi hija, la actitud hacia mis empleados, a mis amigos, todo tan esquematizado desde la idea de que: “Las mujeres no pueden…, las mujeres son el sexo débil, las divorciadas son así, las mamás son las que se encargan de la casa y de los niños, las gerentes se comportan de tal manera… “

Ahora que han pasado los años, el camino del coaching de transformación me ha enseñado a reconocer mis creencias como lo que son, solo eso, ideas aprendidas, preconcebidas, pensamientos personales pasados de generación en generación, que cuando los entiendes y ves de dónde nacen dejan de tener relevancia, dejan de ser “verdades” que nos confunden y limitan.

A pesar de entender esto, me impacta y sigo reconciendo el poder de nuestras creencias. En este caso he querido tomar como ejemplo mis creencias hacia el machismo y lo que socialmente la mujer debe ser. Por eso hablo del “temor al machismo” que a veces siento que persiste en mi. Que sigue influyendo de alguna manera en mi forma de pensar, que sin darme cuenta, aflora en algunas de mis decisiones, acciones, conversaciones. Siento que está tan arraigado en mi que muchas veces me pone a la defensiva y no me permite abrirme a escuchar al otro desde un espacio neutral, sino que lo hago con el temor de que si me muestro complaciente, esto se pueda interpretar como una actitud sumisa o la idea de ser una mujer que se puede llegar a controlar o a cambiar.

Estos pensamientos muchas veces de forma inconsciente sabotean mis relaciones, creándome juicios de que si estoy comportándome como la mujer que soy o como la que debería ser, para ser amada, aceptada y no criticada.

Me di cuenta que estas creencias crean un conflicto en mi. Contraponen mis ganas de ser emocionalmente independiente y mi forma de pensar y amar, con lo que los hombres esperan de mi como mujer.

Tenemos la capacidad de darnos cuenta como nuestras creencias influyen en nuestra vida, y a partir de esto elegir tomar la actitud de explorar, de dudar de la validez de las ideas que hemos dado por ciertas hasta ahora. Volver a reflexionar acerca de esto me causa emoción, porque tengo la certeza de que así se han dado los cambios en mi vida. Cuando me permito abrirme y poner en duda mis creencias, sé que está en mi tomar una posición diferente ante esto.

Te invito a que exploremos juntas esas creencias que sabotean tu felicidad para reconocerlas y que puedas tomar decisiones desde tu claridad. No permitas que tus creencias incidan en tu bienestar; está en ti mirarlas de cerca y saber que es una opción mantenerlas o desecharlas.

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El Espacio de “No Saber” https://keniserivera.com/el-espacio-de-no-saber/ Tue, 27 Oct 2020 18:01:26 +0000 https://keniserivera.com/?p=1166 Muchas veces el solo pensar que no sé qué hacer, me causa terror. 

En muchos momentos dramáticos de mi vida pienso que está en mí arreglar una situación, tomar una decisión decisiva, que se me ocurra ese consejo perfecto que me pide una amiga, una frase que consuele a un ser querido o decirme a mí misma algo que me reconforte y me haga confiar en que si en este momento no poseo la claridad necesaria para afrontar una decisión, no quiere decir que nunca la llegaré a tener. 

Desde que aprendí a anteponer la expresión “en este momento” a aquella frase que tanto miedo me causaba, hubo un cambio importante. 

“En este momento no sé”.

Esto lo aprendí una vez que me encontraba en este espacio al que yo llamo el de “No Saber”, cuando una de mis maestras me dijo: “No podemos forzar a que se nos ocurra algo nuevo, si no se te ocurre, es porque no se te tiene que ocurrir en el momento que tu decidas. Esa nueva idea, esa solución que estás buscando llegará a ti cuando tenga que llegar, desde la calma, no antes.”

Recordé esta enseñanza cuando en estos días un compañero de trabajo me preguntó cuál iba a ser mi respuesta a una situación que debíamos resolver, a lo que yo le contesté “No lo sé aún”. Al otro día me volvió a hacer la misma pregunta y le dije: “Te contesté, te dije ayer que no sabía todavía lo que iba a decidir”, y con un gesto de asombro me preguntó si eso era una respuesta válida. 

Cuando más forzamos nuestra mente a que se nos ocurra la solución que buscamos, más ruido creamos, nos llenamos de preocupación, de frustración por algo que en ese instante no está bajo nuestro control. Eso fue lo que nos enseñaron, teníamos que saberlo todo, adelantarnos a lo que podría pasar, tener en cuenta todos los escenarios posibles para poder reaccionar en caso de …

He llegado a reconocer esos estados en los que la incertidumbre acapara mis pensamientos, nublando mis posibilidades. Cuando esto sucede, con compasión a mi misma entro en ese espacio de “No Saber”, lo noto, lo abrazo, sin culpa, sin juicios, teniendo la certeza que mi sabiduría interna, mi inspiración y creatividad innata fluirán desde el amor y no desde el miedo, guiándome a encontrar esas respuestas.

Como muchas otras emociones que son parte de mi diseño como ser humano, sé que volverá y esperaré confiada mis espacios de “No Saber”.

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Video 2: Qué es el coaching de Transformación y Vida https://keniserivera.com/video-2/ Thu, 06 Aug 2020 03:33:08 +0000 https://keniserivera.com/?p=1051 Comparto contigo el segundo video de esta serie que he preparado para que conozcas más de mí, de mi trabajo como coach y de los beneficios que podrás obtener viviendo un proceso de Coaching de Transformación y Vida ❤🙏

🏼 No olvides seguir mi página haciendo click en este enlace:
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Si no viste el primer video 😱 aquí lo encuentras 🎬😊
👉🏻 https://keniserivera.com/video-1/

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Video 1: Qué es el coaching de Transformación y Vida https://keniserivera.com/video-1/ Thu, 06 Aug 2020 00:33:16 +0000 https://keniserivera.com/?p=1041 Quiero compartir contigo esta nueva serie de videos que traigo para ti 🎬 En estos te contaré más acerca de mí y mi proceso con el Coaching, entre los temas que tocaré están: Qué es el coaching de Transformación y Vida, los beneficios que podrás obtener para alcanzar tu vida ideal y mucho más…❤🙏🏼

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Viviendo en “Modo Avión” https://keniserivera.com/viviendo-en-modo-avion/ Fri, 24 Apr 2020 21:16:28 +0000 https://keniserivera.com/?p=989 Creo que todas hemos estado alguna vez en “modo avión”.

Tal vez cuando hemos estado viajando literalmente en un avión, o en un lugar donde no hemos tenido acceso a nuestro celular (que pareciera que muchas veces nos conectara con la realidad). Puede ser en ese momento en que lo hemos olvidado en casa y la ansiedad que nos invade nos hace preguntarnos si habrá llegado alguna noticia importante, una llamada o una confirmación; como si justamente en ese período de incomunicación habría sucedido lo que hemos estado esperando o quizás pasó algo y no nos podrán ubicar justamente cuando más nos necesitan. Tanto vuela nuestra imaginación que ese estado de “modo avión” se hace eterno, angustiante y no sabemos qué hacer para que el tiempo pase rápido y podamos salir de él.

Otras veces, hacemos un uso distinto de ese “modo avión”. Lo vemos como un sinónimo de desconexión. Como aquel botón que podemos activar y desactivar para desconectarnos de la realidad y darnos un respiro de las circunstancias que estamos viviendo. He escuchado que muchas deciden apagar su celular, distanciarse de las redes sociales, no ver noticias, en un intento de evitar sentirse preocupadas. Toman este tipo de acciones como si cerrar sus oídos y ojos al mundo es lo que hiciera falta para sentirse tranquilas, solo por desconocer lo que sucede en el exterior.

La última vez que viajé tuve una experiencia diferente. Tenía la sensación de no tener nada pendiente y me sentía muy en paz conmigo misma y mi vida en ese momento. Reflexionaba sobre este sentimiento de ansiedad que había tenido en otros tiempos y que ahora no estaba presente.

Durante el vuelo, a miles de kilómetros sobre la tierra, pensaba en qué estaría pasando allá abajo, sin mi en acción, mientras yo volaba a mi destino. Pensaba en cómo se estarían dando los eventos sin mi presencia ahí en la Vida, en mí vida.

Me di cuenta que  conmigo o sin mi la vida pasaría y los eventos se darían como tendrían que darse: solo sucederían… Reflexionar sobre esto me dio una tranquilidad muy profunda. Pude sentir que nada estaba bajo mi control, aunque muchas veces parecía que sí.

Generalmente se siente como si la Vida girará alrededor de mis decisiones, de mis acciones, de lo que deseo, de mi actitud. Eso entonces me haría responsable de los sucesos y emociones de las personas que tienen relación conmigo: mi familia, trabajadores, mis hijos. Ellos supuestamente se verían afectados con mis decisiones, con lo que hago o dejo de hacer, con mi estado de ánimo. Y ¿cuándo yo no estaba en ese círculo?

“La Vida sigue, la de todos” -pensé. “Si hubo alguna situación que debía ser resuelta en la empresa o en mi hogar, deben haberla solucionado, no estarán esperándome.” “¿Y si nunca llegara? Igual las cosas seguirían su camino y evolucionarían. Puede que de una forma diferente pero nada se detendría si yo no estuviera.”

He decidido compartir con ustedes este sentimiento porque es similar al que estoy teniendo en este tiempo de cuarentena. Me siento en paz, me siento contenida, siento que no estoy sola en esta experiencia que estamos viviendo todos (literalmente). Todos esperando en nuestras casas que las cosas vuelvan a la normalidad, o a una nueva normalidad, no lo sabemos.

Por eso me acordé del “modo avión” y vuelvo a concluir que La Vida es sabia. No le doy sentido a lo que pasa porque seguro no será el que yo le de. ¿Quién sería yo para saber lo que la Vida tiene planeado para todos luego de que salgamos de cuarentena?

En este momento en el que estamos recibiendo tanta información, invitación a hacer talleres de meditación, de manejo de emociones, de ansiedad, incertidumbre, lo que yo puedo percibir es que la Vida nos está pidiendo “parar”, darnos un respiro, disfrutar de lo que tenemos, apreciarlo. Entreguémonos y aceptemos este momento tal y como es; solo ahí experimentamos el fluir de la vida donde todo sucede, sin nuestra intervención y es perfecta.

Ten la certeza de que aún sin nuestra aparente acción e intervención directa en el mundo, este sigue y se mantiene. Confía que desde la tranquilidad de sabernos en sintonía con lo que está sucediendo, desde la calma del momento, sabrás tomar las decisiones que necesita cada instante… desde el amor y no desde el miedo. Te quiero invitar a que disfrutes esta cuarentena en “modo avión”.

¿Tienes alguna inquietud respecto a este tema? ¿Te gustaría explorar lo que esta cuarentena significa para ti y cómo puedes vivirla en “modo avión”?

Me pongo a tus órdenes para tener una conversación empoderante, con la que podrás empezar a ver tu nueva realidad de una manera más gentil y encontrar nuevas opciones de cómo vivirla momento a momento.

Contáctame ahora para una primera sesión totalmente gratis. ›› click aquí ›› o al correo [email protected]

Te ofrezco paquetes de 6 a 8 sesiones en las que buscaremos alternativas para que aproveches esta cuarentena en calma y amor.

Kenise Rivera
Tu coach

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El regalo que el Coaching me dio https://keniserivera.com/el-regalo-que-el-coaching-me-dio/ https://keniserivera.com/el-regalo-que-el-coaching-me-dio/#comments Wed, 04 Mar 2020 05:12:18 +0000 https://keniserivera.com/?p=916 Crecí con la idea de ser la niña más fea del mundo y que por eso nadie me quería. Esto me llevaba a hacer muchos esfuerzos para sobresalir, para merecer el amor de mi familia y amigos, lloraba mucho por la noches pidiéndole a Dios el milagro de que me cambiase por una niña hermosa.

Ese trauma duró mucho y con los años se convirtió en profundo dolor por mi baja auto aceptación, llevándome a sufrir de depresión, ansiedad, ataques de pánico. A pesar de esto, algo en mi me motivaba a buscar sentirme feliz.

Algunas veces me llenaba de valor y a pesar de la vergüenza, aunque tuviera que hacer “sacrificios” para agradar a otros, un poco a mi manera, conseguía las cosas que deseaba: desde salir con las niñas más populares de la escuela, que mi papá me diera permiso para ir a una fiesta, casarme enamorada, hasta llegar a gerenciar la empresa de mi familia… Pero siempre con una batalla interna llena de contradicciones, de miedo, pensado de si era capaz o merecedora de todo eso.

En esa búsqueda de “la felicidad”, hace algunos años, visité a una psicóloga y luego de contarle mi triste historia, me preguntó: “¿Qué fue lo que te motivó a salir adelante, qué fue lo que no te dejó quedarte sumida en la depresión con tu trauma de ser una chica fea y no querida?”. Por años no pude contestar esa pregunta, hasta que por eso que llamamos coincidencias, llegué al camino del Coaching de Transformación.

Cuando por medio de mi proceso de coaching empecé a entender cómo funciono y por ende cómo funcionan los demás a nivel psicológico, pude reconocer que la sabiduría innata de esa niña (yo), era lo que había hecho de mi, la mujer que soy hoy.

Entendí que mi bienestar había estado opacado por creencias aprendidas e inventadas (sin intención) y que a partir de ahí, había causado mi propio sufrimiento, frustración y estrés.

Sin culpa, pude aceptar la historia acerca de mi misma que me había contado por años, como lo que es realmente: solo una historia. Vivo mis circunstancias de estrés, de preocupación o de miedo como parte de mi experiencia humana, sabiendo que son estados para los que estoy diseñada a vivir, que no dicen nada de mi, ni de mi valía, ni son consecuencias de mi pasado.

Gracias al camino que he recorrido en el Coaching de Transformación, he podido reconocer en otros su sabiduría innata y los malentendidos detrás de las historias que cada uno se cuenta. Con esto he logrado ver a las personas que me rodean con compasión, mejorando las relaciones con mi familia, amigos y trabajadores.

Por haber experimentado un cambio maravilloso en mi, a partir del conocimiento y la formación que había adquirido, decidí ejercer como coach y apoyar a otras mujeres a entender sus malentendidos, las historias que se han contado y creído causando sufrimiento en ellas. Me he convertido en una guía en el proceso de entendimiento para las personas con las que he tenido el placer de trabajar, a medida que han ido reconociéndose intactas de esencia y recordando que son seres llenos de recursos innatos (intuición, resiliencia, pasión, abundancia, sabiduría, inspiración).

Así es como el Coaching me regaló la paz y claridad que siempre había buscado, por lo que tengo la certeza de que compartir esto con otras mujeres logrará cambios tan relevantes en ellas, como me sucedió a mi.

Podemos vivir una vida de bienestar saliendo de las confusiones que tenemos acerca de nosotras mismas, te invito a que veas tu vida de una forma diferente, que con nueva información accedas a nuevas ideas, salgas de tus propias limitaciones y te logres sentir como realmente lo deseas.

Yo estoy lista para entregarte el regalo que transformará tu vida, ¿estás lista para recibirlo?

¡Déjame tus comentarios y comparte este artículo con tus amigas!

Con cariño,

Kenise (tu coach).

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¿Cuándo aprendimos que vivir sintiéndonos mal, es lo normal? https://keniserivera.com/vivir-sintiendonos-mal/ https://keniserivera.com/vivir-sintiendonos-mal/#comments Tue, 21 Jan 2020 05:08:48 +0000 https://keniserivera.com/?p=861 Es curioso como podemos llegar a acostumbrarnos a sentirnos mal: incómodas en un sitio de trabajo, bajo una situación de estrés, en un matrimonio infeliz, inconformes con nuestro aspecto físico, pensando que no podemos hacer nada al respecto. Me refiero a esa pesadez que sentimos, a ese aburrimiento persistente, ese sentimiento de inconformidad latente que aparece de forma constante en nuestra vida: ya es parte de nosotras. Los días transcurren y no le damos importancia a estas sensaciones, ¡lo normalizamos!

No nos dimos cuenta cuando nos acostumbramos a estar así. Nos resignamos a vivir de esa manera. Cuando pensamos en ello, muchas veces se nos viene a la mente la idea que “algún día pasará, mi marido es así y nunca cambiará…; tengo sobrepeso y es genético, no puedo hacer nada al respecto…”.

¿Cuándo aprendimos que vivir así es lo normal?

Como seres humanos estamos diseñados para experimentar todo tipo de sentimientos y emociones, unas más placenteras que otras, pero no quiere decir que debamos estancarnos sin buscar bienestar, que es nuestro estado natural. Sí, ese es nuestro derecho divino ¡ser felices!

Con bienestar y felicidad me refiero a ese estado de paz, tranquilidad, gratitud, certeza de que estamos bien. De que estaremos bien siempre, independientemente lo que nos suceda, que entendemos que la vida es neutral, como lo exponía la semana anterior en mi artículo El drama que decidimos vivir”, y que tenemos los recursos innatos para vivir en ese estado.

No me refiero al estado eufórico de alegría, que como otras emociones son efímeras. Me refiero al bienestar interno propio del ser humano, aquel que parece ser opacado por otras emociones, pero lo real es que jamás desaparece.

Estando en paz con nosotras mismas, podemos vivir una situación triste o estresante, manteniendo ese bienestar (de fondo), ya que es nuestro estado natural. Es como el sol cuando es cubierto por las nubes, simplemente sabes que está ahí, solo que a veces no lo vemos, pero tenemos la certeza que cuando el día se despeje volveremos a sentir su calor, tal cual es el bienestar en nuestras vidas.

Viví por años en un estado de resignación permanente de dolor, pero dentro de mí sabía que había algo más y mejor para mi. Y así fue, llegó el momento en que decidí enfrentar mis miedos y buscar ese espacio de tranquilidad que había deseado por mucho tiempo y mi vida cambió radicalmente.

Ahora me doy cuenta de que independientemente de lo que me suceda, lo que sienta, lo que me estrese, me inquiete, tengo la certeza de que volveré a ese espacio de bienestar. Porque cuando lo encuentras dentro de ti, aunque se opaque, siempre regresas ahí.

Te invito a que evalúes en qué estado estás viviendo. ¿Qué es lo “normal” en ti? Si no es el bienestar, te propongo que valores lo que estás dando por sentado, a qué te acostumbraste y te preguntes si es lo que quieres para tu vida.

¿Cómo cambiaría tu vida si tu estado normal fuera el bienestar y la excepción fuera ese sentimiento que no deseas sentir y no al revés?

“En la vida las cosas se aceptan, se cambian o se dejan.”

¡Déjame tus comentarios y comparte este artículo si crees que se puede vivir en bienestar siempre! Que tengas una hermosa semana.

Con cariño,

Kenise (tu coach).

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El drama que decidimos vivir https://keniserivera.com/el-drama-que-decidimos-vivir/ https://keniserivera.com/el-drama-que-decidimos-vivir/#comments Wed, 08 Jan 2020 02:26:55 +0000 https://keniserivera.com/?p=852 ¿Todo lo que te pasa en la vida tiene un propósito?

Suerte, bendición, coincidencias, casualidad, causalidad, karma, destino, sincronicidad, “¡es que la vida es así!”…

¿A qué le adjudicas tú las cosas que te suceden? Lo que pasa, lo que deja de pasar… ¿Acaso todo lo que nos sucede realmente pasa por algo? ¿Todo tiene un propósito?

Actualmente escuchamos que las terapias de autoayuda u otras filosofías nos invitan a que busquemos el sentido de lo que nos pasa en nuestra vida; nos proponen que la aceptemos tal cual es, porque forma parte de un plan divino, o que aprendamos de las situaciones que se repiten porque son lecciones disfrazadas de problemas, todo en un intento de explicar por qué vivimos lo que vivimos.

He reflexionado acerca de esto por algún tiempo, por lo que comencé a explorar este tema.

¿Cuál era el significado de lo que me estaba ocurriendo o el de ese evento que me sucedió? Con cada persona que se cruzaba en mi camino o había conocido, me preguntaba: ¿qué me ha venido a enseñar o qué supuestamente le podría enseñar yo a esta persona?

Ya que tenía esta inquietud en mi mente, conversé de este tema con una querida amiga y me recordó que la “Vida es neutral, no es personal”.

A partir de esa conversación me inspiré para compartirte mi opinión personal basada en mi experiencia y lo aprendido de mis maestros en mi camino del coaching de transformación, que es una visión diferente a lo que estamos acostumbradas a escuchar.

Te invito a que te abras a descubrir algo nuevo, algo que podría llevarte a cambiar tus creencias y a sentir tu vida menos complicada de lo que crees que es, para mi fue así cuando puede ver que:

“Las cosas no me pasan… las cosas pasan. Los seres queridos no se me mueren, solo mueren. No me enfermo, solo enfermo.” La Vida no está en mi contra, solo es y sucede, y nosotras le damos el sentido que queremos. No controlamos lo que nos ocurre, pero sí el significado que le damos a nuestras experiencias.

Dicho significado, al ser personal, lo tendemos a interpretar según nuestra conveniencia o nuestras creencias: podemos justificar nuestras acciones, culpar a la Vida de que no nos da lo que pensamos nos merecemos y nos ponemos muchas veces en el papel de víctimas o renegamos por lo injusta que es la vida. Adjudicamos la responsabilidad de nuestros sentimientos o acciones a lo externo, a las circunstancias que nos acontecen y anulamos nuestro poder de cambiar y tomar control sobre nuestra vida.

Ver las situaciones que se dan en nuestra vida de forma neutral hace una gran diferencia. Cuando las logré ver así, personalmente me quitó el peso de buscar el porqué o para qué las situaciones se me presentan. Entendí que “la Vida” no me quiere enseñar nada, ni repite experiencias para recordarme algo, “solo es y sucede”.

Por ejemplo, no es que no hayas aprendido algo de una relación tóxica y por eso la Vida te vuelve a enviar las mismas relaciones hasta que aprendas realmente a alejarte de las personas que no te valoran o no te aceptan como eres. Está en nosotras aprovechar nuestras circunstancias para aprender de ellas, notar lo que sentimos ante la situación, tomar acción y cambiarla.

Cuando comprendes el por qué actúas de determinada forma, cuando sea tu momento de entender tus temores, enfrentar tus miedos, cuando te sepas capaz, tomarás las decisiones que te lleven a sentirte plena y en paz. Eso es lo que la Vida quiere que aprendamos, a ser felices, a vivir en bienestar, esa es nuestra esencia de vida, lo demás son dramas que decidimos vivir.

¿Nos es menos complicado y más constructivo para tu vida verlo así?
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