Crecí con la idea de ser la niña más fea del mundo y que por eso nadie me quería. Esto me llevaba a hacer muchos esfuerzos para sobresalir, para merecer el amor de mi familia y amigos, lloraba mucho por la noches pidiéndole a Dios el milagro de que me cambiase por una niña hermosa.
Ese trauma duró mucho y con los años se convirtió en profundo dolor por mi baja auto aceptación, llevándome a sufrir de depresión, ansiedad, ataques de pánico. A pesar de esto, algo en mi me motivaba a buscar sentirme feliz.
Algunas veces me llenaba de valor y a pesar de la vergüenza, aunque tuviera que hacer “sacrificios” para agradar a otros, un poco a mi manera, conseguía las cosas que deseaba: desde salir con las niñas más populares de la escuela, que mi papá me diera permiso para ir a una fiesta, casarme enamorada, hasta llegar a gerenciar la empresa de mi familia… Pero siempre con una batalla interna llena de contradicciones, de miedo, pensado de si era capaz o merecedora de todo eso.
En esa búsqueda de “la felicidad”, hace algunos años, visité a una psicóloga y luego de contarle mi triste historia, me preguntó: “¿Qué fue lo que te motivó a salir adelante, qué fue lo que no te dejó quedarte sumida en la depresión con tu trauma de ser una chica fea y no querida?”. Por años no pude contestar esa pregunta, hasta que por eso que llamamos coincidencias, llegué al camino del Coaching de Transformación.
Cuando por medio de mi proceso de coaching empecé a entender cómo funciono y por ende cómo funcionan los demás a nivel psicológico, pude reconocer que la sabiduría innata de esa niña (yo), era lo que había hecho de mi, la mujer que soy hoy.
Entendí que mi bienestar había estado opacado por creencias aprendidas e inventadas (sin intención) y que a partir de ahí, había causado mi propio sufrimiento, frustración y estrés.
Sin culpa, pude aceptar la historia acerca de mi misma que me había contado por años, como lo que es realmente: solo una historia. Vivo mis circunstancias de estrés, de preocupación o de miedo como parte de mi experiencia humana, sabiendo que son estados para los que estoy diseñada a vivir, que no dicen nada de mi, ni de mi valía, ni son consecuencias de mi pasado.
Gracias al camino que he recorrido en el Coaching de Transformación, he podido reconocer en otros su sabiduría innata y los malentendidos detrás de las historias que cada uno se cuenta. Con esto he logrado ver a las personas que me rodean con compasión, mejorando las relaciones con mi familia, amigos y trabajadores.
Por haber experimentado un cambio maravilloso en mi, a partir del conocimiento y la formación que había adquirido, decidí ejercer como coach y apoyar a otras mujeres a entender sus malentendidos, las historias que se han contado y creído causando sufrimiento en ellas. Me he convertido en una guía en el proceso de entendimiento para las personas con las que he tenido el placer de trabajar, a medida que han ido reconociéndose intactas de esencia y recordando que son seres llenos de recursos innatos (intuición, resiliencia, pasión, abundancia, sabiduría, inspiración).
Así es como el Coaching me regaló la paz y claridad que siempre había buscado, por lo que tengo la certeza de que compartir esto con otras mujeres logrará cambios tan relevantes en ellas, como me sucedió a mi.
Podemos vivir una vida de bienestar saliendo de las confusiones que tenemos acerca de nosotras mismas, te invito a que veas tu vida de una forma diferente, que con nueva información accedas a nuevas ideas, salgas de tus propias limitaciones y te logres sentir como realmente lo deseas.
Yo estoy lista para entregarte el regalo que transformará tu vida, ¿estás lista para recibirlo?
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Con cariño,
Kenise (tu coach).

